Cuando a finales de 1890, escapando del imperio turco llegaron a nuestro país tantas familias de Siria, Líbano y Palestina, el pueblo chileno que los recibió no imagino la fuerte influencia en nuestra propia cultura que se produciría con esta mezcla.
Nuestra forma de ser ha sido permeada con los detalles clásicos de la cultura de estos milenarios países, recibiendo la característica comida que ellos preparan y que nos ha encantado, su música que es profundamente poética y su danza, exótica, sorprendente e hipnotizante.
La colonia árabe llegó a Chile por el norte y desde las salitreras se expandieron por nuestro país expandiendo también sus melodías, su lenguaje, sus fiestas, sus ritos, sus danzas y sus costumbres. Trajeron consigo una tradición de música y poesía, trajeron a Mohamed Abdel Wahab y a Oum Kultzum, a Halim Hafez y sus notas musicales. Además se instalaron haciendo crecer su propia cultura dentro de la nuestra. Con el paso del tiempo se fundieron incorporando su desarrollo al desarrollo de la clase media de nuestro país, y en algunos casos hicieron crecer grandes fortunas llegando a pertenecer a la clase política y empresarial de Chile.
La llegada de estos pueblos no trajo consigo la danza árabe como la conocemos hoy. Puesto que principalmente los recién llegados no provenían de la tierra de los faraones, cuya danza es hoy la más popular en nuestro país. Con los inmigrantes llegó la danza que es vista como una forma de expresión familiar y por ello toda mujer e incluso los hombres de las familias árabes aprenden estas formas de movimiento cadenciosas desde muy pequeños. En cada reunión familiar se da paso al canto y a la danza como parte de los rituales de celebración, puesto que en la cultura árabe hay un lugar privilegiado para la música y la danza que los relaciona con todas los acontecimientos importantes de la vida de las familias. Esa danza más bien proviene de la herencia que han dejado por siglos las bailarinas desde las mismas pirámides. Bailarinas que formaban parte de la entretención callejera, de los cafés, de las expresiones teatrales pero que reflejan la forma en que se han traspasado estas maneras de expresión de una generación a otra. De palestina se trajo la danza dabke que es la danza folklórica más característica del pueblo palestino, de Siria que además de la danza oriental como la conocemos trajo una danza muy parecida a la danza dabke llamada al-Samah, de Egipto trajeron el Saidi y otras danzas folklóricas. De todas ellas no había una idea específica como la conocemos hoy, sino como suele suceder con las tradiciones más bien había un conocimiento oral, trasmitido por generaciones y que daba paso a distintas interpretaciones.
La idea de esta sección es encontrar testimonios que hablen de la danza y como llego en las maletas de quienes vinieron a nuestro país, para conocerlo de su fuentes naturales y enriquecernos en el trayecto.
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